Martes, Febrero 23, 2016

Perdí mi virginidad, y no fue por amor...

girlaSi nos preguntaran cuál fue el quinto, el sexto, el quince, etc., posiblemente no lo recordaríamos, pero el primero, ¡ese nunca se nos olvida!

18 años, cuando ya empiezas a sentir un poco de presión social, cuando tus amigas de la U narran en los descansos sus encuentros sexuales, ahí, empiezas a sentir la necesidad de explorar tu sexualidad, de no sentir que te quedaste atrás.

La decisión estaba tomada, quería perder mi virgnidad, ahora lo siguiente por resolver era ¿con quién? no tenía novio, ni siquiera estaba saliendo con alguien, los amigos tampoco abundaban y no era tan fácil decir que iba a salir por ahí, a revolcarme con el primero que se apareciera.

Hasta que apareció un prospecto, ustedes saben, vino, velas, una buena conversación, la soledad de su apartamento, la noche iba tomando otro sentido; nos besamos y él me lo insinuó; yo, con ese corte directo, sincero y sin titubeos le respondí: sí pasará, pero esta noche no. Él no lo podía creer cuando le conté mi situación, pues por estos tiempos no es común encontrarse con alguien virgen. Pero “caballerosamente” se ofreció a ayudarme por cambiar esa situación.

Así que llegó el momento de la cita, la fecha acordada, ¡esa sería la noche!, y yo siempre altiva y fiel a mi palabra, allí estaba, un poco nerviosa, pero segura de lo que haría. Saltémonos la parte del saludo, los besos y el tema de introducción, centrémonos en cómo pasó.

Él un caballero, me trató con tanta delicadeza, lo que no sabía era que no estaba frente a una mujer frágil, ni temorosa ni mucho menos insegura… sus caricias eran lentas, como quien cuida dónde poner sus manos, me preguntaba: ¿te duele? le respondía que no, que siguiera, que yo estaba bien.

No creo que haya sido una forma habitual de perder la virginidad, de hecho, no sé si él creyó en mi virginidad, me levanté desnuda por todo el cuarto, no tuve miedo de mostrar mi cuerpo, ni siquiera manché las sábanas… asumí ese momento con tanta racionalidad y frialdad que él no creyó que se tratara de mi primera vez, la verdad, yo tampoco lo hubiese creído.

Ese día no solo me sirvió para acabar con mi virginidad, también a partir de ese momento me di cuenta que había encontrado mi lugar en el mundo, la cama, se convertiría en ese espacio donde tendría mi mejor versión.

Relato escrito por una de nuestras usuarias.